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June 12, 2015

Mond (V)

Nunca asistí a un funeral normal en mi vida.
En mi familia, celebrábamos los funerales luego de enterrar a nuestros muertos, mirando la tumba y tomando champán. Generalmente todo terminaba en llanto o en pelea, y más de una vez mis tíos lejanos salían sangrando por la nariz debido a algún golpe acertado por mis tíos cercanos.
Nunca me dejaron llorar por los que se habían ido: me reprendían y me decían que ya era tarde para eso. Que por muchas lágrimas que derramara los que se iban no volvían con un pañuelo por lástima. Que ya era tarde.
No me tomó muchas ocasiones aprender a no llorar a los muertos: la mayoría de mis familiares cercanos murieron durante mi niñez. Cada vez que ingresábamos al cementerio, pisando los adoquines y causando un eco fantasmal en los muros de nichos, con las botellas de champán tintineando como campanillas de cristal, no podía evitar repetir una sola cosa en mi cabeza.
Tarde.
Muchas veces volvía al cementerio por las tardes nubladas y me sentaba en algún rincón, sin botellas de champán y con mi paraguas por si las dudas. Me sentaba allí y me sentía libre al fin para llorar, pero por mucho que lo lograba no podía. Miré cada tumba, cada foto, cada epitafio y me imagine la grandísima cantidad de asignaturas pendientes que habían quedado allí porque se les había hecho tarde para vivir. No sentí nada, excepto cierto vacío en mi pecho.
Ahondé más profundo, y me imaginé en todos los cementerios de todos los pueblos y ciudades y lugares del mundo. Pensé en todas las personas que se habían quedado sin tiempo para vivir, que habían dejado planes a medias sin siquiera enterarse. Ninguna lágrima cayó.
Pero apareció el miedo, como una capa negra, a arroparme. Miedo puro a la muerte o a la vida.
Cuando atardeció, tomé mi paraguas y me fui, pensando en que si algún día moría, mi familia no lloraría para intentar que volviera. Solo observarían la placa de mármol, mi nombre en metal, y tomarían de sus copas de champán y algún tío terminaría con la nariz rota.
Me resultó extrañamente reconfortante.