Tuve una época de dudas sobre todo lo que parecía estable en mi vida. Lo primero que tambaleó fue lo que yo consideraba hogar.
De pronto me di cuenta que mi hogar no era mi hogar, aquel lugar al que nombraba por compromiso así pero no había vuelto nunca. Cambiaba mucho de vivienda, y de compañeros de vivienda, así que esos eran hogares de tránsito, que por muy cómodos que fueran, existían desde un principio con la sombra de la inexorable despedida. Desaparecían, dejaban de ser.
Escuché en algún lado que un hogar es donde uno podía ser uno mismo con absoluta comodidad, con total libertad.
Me derrumbé.
Sentí que entonces que a pesar de no tener un lugar concreto y tangible en el mundo, ni siquiera podía considerarme a mi mismo un hogar.
Kay & Heliade. Cómplices en nuestro trayecto literario. Éstas son nuestras producciones escritas (con algunas apariciones de Lu)
Proyectos comenzados, terminados, a la mitad, ideas, notas.... Exclusivamente para que lo leas. No te olvides de comentar, es muy importante para nosotras (:
December 18, 2015
Mond (VIII)
December 06, 2015
Mond (VII)
Cuando estuve en las ciudades salvajes, me tocó vivir en muchos lugares y conocer a varias personas. Una de esas personas fue Coraje, y por supuesto, ese no era su verdadero nombre.
Coraje era una mujer en un mundo complicado, de horas y recorridos difíciles. Muchas veces llegaba a casa cuando las ventanas ya dormían profundamente. Yo la esperaba con la cena fría y dispueste a escucharla. Coraje muy a menudo necesitaba hablar, y generalmente, era de odio.
Odio las calles oscuras; odio el silencio, porque cualquier suspiro de la noche parecen pasos siguiendo.
Odio la gente que esta afuera, que estaciona o arranca los autos. Odio a los que observan, a los que caminan con las manos en los bolsillos.
Odio las lámparas de la calle que crean sombras y me hacen pensar que hay alguien detrás mio, aunque tengan mi forma.
Odio las horas y odio los lugares oscuros de las veredas. Odio tener que cruzarlos corriendo.
Odio tener que aferrarme a todo lo material y fingir que es es aferrarme a lo que en realidad me importa.
Odio sobre todo, la mundo. Odio saber que no les importa saber si algún día pido ayuda.
Coraje odiaba mucho, y sufría más. Siempre decía que al bolso podía vaciarlo, pero a su vida no.
¿Y si me roban el alma?
Yo la apodaba Coraje, y ella se enojaba. Decía que de eso no tenía nada.
Yo afirmaba que de eso tenía todo.
Coraje era una mujer en un mundo complicado, de horas y recorridos difíciles. Muchas veces llegaba a casa cuando las ventanas ya dormían profundamente. Yo la esperaba con la cena fría y dispueste a escucharla. Coraje muy a menudo necesitaba hablar, y generalmente, era de odio.
Odio las calles oscuras; odio el silencio, porque cualquier suspiro de la noche parecen pasos siguiendo.
Odio la gente que esta afuera, que estaciona o arranca los autos. Odio a los que observan, a los que caminan con las manos en los bolsillos.
Odio las lámparas de la calle que crean sombras y me hacen pensar que hay alguien detrás mio, aunque tengan mi forma.
Odio las horas y odio los lugares oscuros de las veredas. Odio tener que cruzarlos corriendo.
Odio tener que aferrarme a todo lo material y fingir que es es aferrarme a lo que en realidad me importa.
Odio sobre todo, la mundo. Odio saber que no les importa saber si algún día pido ayuda.
Coraje odiaba mucho, y sufría más. Siempre decía que al bolso podía vaciarlo, pero a su vida no.
¿Y si me roban el alma?
Yo la apodaba Coraje, y ella se enojaba. Decía que de eso no tenía nada.
Yo afirmaba que de eso tenía todo.
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