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October 05, 2017

Niño perdida

De joven le gustaba pasear, perderse
Desaparecía entre los adultos y se iba a explorar


Sus padres la llevaban al bosque
Y él se perdía entre los árboles
 Se sentía libre, perdida, desaparecido


Buscaba portales para perderse aún más
Si bien nunca los encontraba
Había algo en el bosque que la atraía,
Un sentido de pertenencia quizás,
O un misterio que no podía resolver allí siempre podía encontrarse en cualquier lado


De grande le gustaba pensar, perderse
Desaparecía en su introspección y se iba cada vez más profundo


Sus padres lo llevaron a otra ciudad
Y ella exploraría los callejones y locales
Curioso, perdida, desconocido
Tan perdido estaba en su mente


Que se encontró a si misma como edificios antiguos
Se había olvidado de si mismo
Y se reconocía en la pintura caída
En su abandono humano y el reclamo destructivo de la naturaleza
Insaciable irrumpió y se adentró en el edificio cerrado


Allí encontró millones de objetos tirados en el suelo
Tesoros preciados olvidados por sus dueños y el tiempo


Allí encontró su reflejo en un espejo
Despeinado y ojerosa, desarreglado y descuidada


Allí buscaba un portal y allí se terminó encontrando


Perteneciente a lo perdido, allí se quedó

December 18, 2015

Mond (VIII)

Tuve una época de dudas sobre todo lo que parecía estable en mi vida. Lo primero que tambaleó fue lo que yo consideraba hogar.
De pronto me di cuenta que mi hogar no era mi hogar, aquel lugar al que nombraba por compromiso así pero no había vuelto nunca. Cambiaba mucho de vivienda, y de compañeros de vivienda, así que esos eran hogares de tránsito, que por muy cómodos que fueran, existían desde un principio con la sombra de la inexorable despedida. Desaparecían, dejaban de ser.
Escuché en algún lado que un hogar es donde uno podía ser uno mismo con absoluta comodidad, con total libertad.
Me derrumbé.
Sentí que entonces que a pesar de no tener un lugar concreto y tangible en el mundo, ni siquiera podía considerarme a mi mismo un hogar.

December 06, 2015

Mond (VII)

Cuando estuve en las ciudades salvajes, me tocó vivir en muchos lugares y conocer a varias personas. Una de esas personas fue Coraje, y por supuesto, ese no era su verdadero nombre.
Coraje era una mujer en un mundo complicado, de horas y recorridos difíciles. Muchas veces llegaba a casa cuando las ventanas ya dormían profundamente. Yo la esperaba con la cena fría y dispueste a escucharla. Coraje muy a menudo necesitaba hablar, y generalmente, era de odio.

Odio las calles oscuras; odio el silencio, porque cualquier suspiro de la noche parecen pasos siguiendo.
Odio la gente que esta afuera, que estaciona o arranca los autos. Odio a los que observan, a los que caminan con las manos en los bolsillos. 
Odio las lámparas de la calle que crean sombras y me hacen pensar que hay alguien detrás mio, aunque tengan mi forma.
Odio las horas y odio los lugares oscuros de las veredas. Odio tener que cruzarlos corriendo. 
Odio tener que aferrarme a todo lo material y fingir que es es aferrarme a lo que en realidad me importa.
Odio sobre todo, la mundo. Odio saber que no les importa saber si algún día pido ayuda.

Coraje odiaba mucho, y sufría más. Siempre decía que al bolso podía vaciarlo, pero a su vida no.

¿Y si me roban el alma?

Yo la apodaba Coraje, y ella se enojaba. Decía que de eso no tenía nada.
Yo afirmaba que de eso tenía todo.

November 29, 2015

Mond (VI)

No me gusta mucho salir a la calle. Y no es que no me gusten las calles. Es que no muy a menudo vuelvo feliz de ellas. Es decir, no muy a menudo me encuentro con situaciones que me hagan feliz.
Por ejemplo, los niños. Es terrible por que siempre creo verme a mi misme en ellos, siempre reconozco fragmentos de mi vida allí.
Algo que me sucedía muy a menudo cuando era pequeña y hablaba, era que me gustaba decirle al mundo cuando estaba feliz, y cuando no lo estaba. Y con el mundo, me refería a mi mundo, es decir a cualquiera que estuviera conmigo en aquel momento. Con el tiempo me di cuenta de que el mundo no siempre coincidía en las sensaciones, y las (algunas) personas tienden a chocar. Entonces si tenía hambre, o tenía sueño, o estaba muy emocionade por mi cumpleaños, pretendía que quien fuera que estuviera allí, al menos escuchara.
Generalmente recibía un "callate la boca".
Con el tiempo, las palabras se fueron solas. Si estaba triste, si estaba emocionade, nadie se enteraba. Si tenia hambre, abría la heladera. Si tenía sueño, me encobijaba en la cama. Con el tiempo no me acordé nunca de esa época en la que quería compartir lo que sentía.
Cuando salgo a la calle, veo niños y a sus padres, o lo que sean. Escucho esa orden monárquica y se me hiela la sangre. No es que no me gusten las calles, pero eso precisamente, me asusta. Me asusta que silencien bocas que no entienden los hilos del mundo, que corten esos lazos entre la boca y el alma. Me asusta que en algún momento, esos niños terminen pareciéndose a mi. Terminen como yo.
No es que no me guste ser yo... solo es que a veces, no es del todo bueno.

October 19, 2015

Reflejo olvidado (anagrama)

Mañanas largas
Intranquilos despertares
¿Bañarme? A veces. Quizás a la noche, quizás a la mañana
El espejo me devuelve la mirada, solo por un segundo
Lo que veo lo veo con lagañas
Lo que veo lo veo con ojos cansados
Arcoiris peinable, lo primero que veo
Como nido de lechuza enredado
A veeeces me lo peino,
Buena parte del tiempo no
Es el descarrilamiento, el descuido
Lo dejo estar, me dejo estar
La rutina de cada día es el no importar
¿Era yo la que me miraba al espejo?
Recuerdo como me veo, pero es efímero
Ahora quiás me haga un rodete sin mirar.

June 12, 2015

Mond (V)

Nunca asistí a un funeral normal en mi vida.
En mi familia, celebrábamos los funerales luego de enterrar a nuestros muertos, mirando la tumba y tomando champán. Generalmente todo terminaba en llanto o en pelea, y más de una vez mis tíos lejanos salían sangrando por la nariz debido a algún golpe acertado por mis tíos cercanos.
Nunca me dejaron llorar por los que se habían ido: me reprendían y me decían que ya era tarde para eso. Que por muchas lágrimas que derramara los que se iban no volvían con un pañuelo por lástima. Que ya era tarde.
No me tomó muchas ocasiones aprender a no llorar a los muertos: la mayoría de mis familiares cercanos murieron durante mi niñez. Cada vez que ingresábamos al cementerio, pisando los adoquines y causando un eco fantasmal en los muros de nichos, con las botellas de champán tintineando como campanillas de cristal, no podía evitar repetir una sola cosa en mi cabeza.
Tarde.
Muchas veces volvía al cementerio por las tardes nubladas y me sentaba en algún rincón, sin botellas de champán y con mi paraguas por si las dudas. Me sentaba allí y me sentía libre al fin para llorar, pero por mucho que lo lograba no podía. Miré cada tumba, cada foto, cada epitafio y me imagine la grandísima cantidad de asignaturas pendientes que habían quedado allí porque se les había hecho tarde para vivir. No sentí nada, excepto cierto vacío en mi pecho.
Ahondé más profundo, y me imaginé en todos los cementerios de todos los pueblos y ciudades y lugares del mundo. Pensé en todas las personas que se habían quedado sin tiempo para vivir, que habían dejado planes a medias sin siquiera enterarse. Ninguna lágrima cayó.
Pero apareció el miedo, como una capa negra, a arroparme. Miedo puro a la muerte o a la vida.
Cuando atardeció, tomé mi paraguas y me fui, pensando en que si algún día moría, mi familia no lloraría para intentar que volviera. Solo observarían la placa de mármol, mi nombre en metal, y tomarían de sus copas de champán y algún tío terminaría con la nariz rota.
Me resultó extrañamente reconfortante.

April 07, 2015

El asunto de las estrellas fugaces

Alguien, en algún lugar, en algún tiempo inventó que si ves una estrella fugaz tenés que pedir un deseo.
Prácticamente alegó que un cuerpo celeste a la deriva, un trozo de diamante con una estela de polvo cósmico recorriendo instantáneamente el cielo humano podía ofrecer la misma posibilidad que ofrecían las velas en las tortas de cumpleaños.
Solo que esta vez era pedir el deseo nomás, no tratar de soplar a la estrella para apagarla.
Ver estrellas fugaces no es algo común. Como ver un eclipse de sol o ver una luna roja. Pero la diferencia es que las estrellas fugaces no suceden cada décadas, cada siglos: suceden todo el tiempo, y no las podemos ver por el simple hecho de que las personas son seres completamente despistados.
Las películas implantan esta idealización de el avisaje de una estrella fugaz como una escena romántica, una orquesta tocando detrás, una pareja riendo en el medio de un escenario solitario y fantástico. Existe la gente racional, quienes aceptan que la estrella es un fenómeno más del universo, y el mero hecho de que haya pasado en frente de sus ojos no les mueve nada. Luego existe la gente que a pesar de que saben de que la estrella o lo que fuera solamente cayó y no tiene porqué cumplir el deseo de nadie, deslumbrados por la vista de aquello tan inusual piden lo primero que se les ocurra.
Saben que las probabilidades son nulas, que solo lo hacen porque si. Pero quizás eso hace también la gente cada vez que cumplen años y se enfrentan con caras de idiotas a una multitud cantando y a la torta cubierta de glasé y velas encendidas. Solo transmiten un deseo, pero ni la torta ni la estrella tiene la obligación de cumplirlo. La gente crece y entiende que todo lo que desean deben salirlo a buscar por si mismos.
La verdad es que cuando vemos caer una estrella, no podemos evitar desear algo.
Y la verdad es que no recordaremos el deseo para la semana entrante.

Pero la estrella queda allí como si la hubieran pintado con brillantina y acuarelas de plata.

March 17, 2015

Mond (IV)

La gente es rara. Y no me estoy excluyendo de ellos, todo lo contrario. Yo sobrellevo mi rareza: la normalidad es muy subjetiva. Todos parecen tener un afán por decir esa frase y sin embargo a todos les encanta fingir que son comunes y corrientes. Uno incluso podría caer en la ilusión de que lo son, si tan solo se distrajera un rato.
Me he encontrado muchas veces a este tipo particular de gente que, taciturnas y carentes de autoestima, viven proclamando que no son amadas porque simplemente no lo merecen. Me gusta pensar que soy una persona que cree fervientemente que cualquier ser merece ser amado en el más banal de los sentidos, o en el más rebuscado y platónico. En el más poético y musical, porque si y sin peros, porque un "no" no es suficiente.
Pero ¿y qué si tenían razón? Las cosas cambian cuando se vive lo mismo que ellos y se piensa del mismo modo. Quizás... pero no. Solo logré comprenderlos más porque, quien sabe, tal vez habíamos vivido en la misma fantasía. Esa fantasía de creer que amar a alguien significa que nunca le haremos daño. Por muy lindo que suene, es solo una mentira que nos contamos para estar más tranquilos por las noches.
Pero la verdad es que el amor es un universo de incontables posibilidades, y asusta, pero encanta lo suficiente para cubrir lo asustados que nos sentimos. Tenemos el poder de dañar o de sanar.
Dos polos opuestos.
Resulta ser demasiada responsabilidad para quienes no quieren decepcionar a nadie, para un simple humano que ni siquiera puede amarse a si mismo y pretende amar al mundo entero sin medir el inmenso peso que eso conlleva, y el inolvidable placer que estúpidamente causa. Y nosotros, personas tan vacías y tan solitarias al fin y al cabo, no podemos entenderlo, en lo absoluto. Los filósofos embozan una cosa, los libros y poetas otra, los psicoanalistas otra...
Al fin y al cabo siempre nos decepcionamos al ver que todos ellos están equivocados.

March 05, 2015

Mond (III)

En mi niñez fui un ser cohibido, temeroso y ligeramente antisocial. Mi familia siempre fue pequeña y por mucho tiempo fui la única niñe (y con niñe me refiero a criatura infantil) en ella.
Yo me acercaba a las mesas de familiares con timidez, me sentaba en las sillas, con las piernas en el aire y observaba a mi alrededor en silencio sin intervenir en lo absoluto y sin comprender para nada lo que hablaban los adultos. Atisbaba sus expresiones, casi estudiándolos, quizás hasta aprendiendo como me comportaría cuando creciera. Siendo una persona muy callada, dedicaba completamente mi tiempo a pensar, entre otros pasatiempos como la construcción de ciudades miniaturas con pequeños ladrillos de colores, la pastelería con barro y la pintura exageradamente fauvista. Y, siendo una criatura pequeña e ingenua, pensar traía el miedo consigo.
Si algo esta presente en mi memoria infantil es el miedo. El miedo como pesadilla o como simple sombra diurna de la duda. Temía a la oscuridad de la misma manera que temía a las personas, y el daño que pudieran hacerme. Temí, mucho tiempo, a abrir la boca y decir lo que tanto pensaba. Tanto tiempo que terminé por acostumbrarme a ese silencio casi infinito. Mi familia pensó que se me pasaría cuando creciera, pero no lo hizo. De vez en cuando tiraba un par de palabras para que vieran que todo estaba bien conmigo. El resto del tiempo el silencio era una cuerda vocal más.
A veces hasta me gustaba.
El miedo me acechó mucho tiempo, especialmente por las noches. Mi mayor miedo de pequeñe fue la oscuridad. He encontrado gente que dice que uno no le teme a la oscuridad, sino a lo que hay en ella Pero la oscuridad no es hogar de nadie, la oscuridad es lo que habita en ella y viceversa. Es casi igual como las personas: no son lo que son, no solo son carne y huesos y piel, sino lo que habita en ellas: sus recuerdos, sus voces, las cicatrices cerradas o abiertas que no se muestran en el exterior.
Dejé de temerle a la oscuridad a los diez años, cuando mi madre me apagó la luz de mi velador y dijo que "dejara de comportarme como una nene". Me pregunté que si no era una nene, ¿que era entonces? ¿había estado fingiendo ser una nene todo ese tiempo? Me aterró la posibilidad de haber hecho algo de lo que no me había dado cuenta.
Aquella noche no hubo nada en la oscuridad que me hiciera daño. Y por lo tanto, no había nada que temer en lo absoluto. Asi fue como comenzó una vida de lucha en contra de mis temores.


February 20, 2015

Autobiografía (para producción de textos) 10-02-15

Ushuaia es un lugar gris y frío. A veces, en el otoño, toma colores. La rodea una cadena montañosa que encierra los bosques, ciudad y cuerpos de agua que ésta tiene.
Me llamo Lené. Me pusieron así por una amiga de mamá, pensaban que era un nombre francés pero investigué arduamente y resultó ser escandinavo. Escandinavia es una zona montañosa, con mucho bosque, y fría como casa. Lené significa ilustre. No creo, pero espero, llegar a alguno de los dos lados.
El invierno antes de que naciera fue la nevada más grande de mi ciudad, dos metros de nieve cubrieron las calles, mi papá fue a su casamiento en esquíes. Me hubiera gustado haber estado ahí.
Las montañas me protegieron de afuera toda mi vida y los bosques me llevaron a mundos mágicos en los que crecí desde chica. Mis padres son artistas. Yo soy su única hija. Siempre sola y abrigada busqué un lugar al cual pertenecer dentro de los libros. Viajé a tantos lados sin salir de mi casa. Las veces que si quería salir de mi casa era para saludar a las gaviotas y buscar portales mágicos en el bosque.
Un día leer no fue suficiente para escaparme de afuera y de mi soledad. Un día comencé a escribir yo misma. Me di cuenta que a veces para crear o saber, o escribir o pintar, o hacer lo que es especial para cada uno, no hace falta encerrarte en tu casa y hacerlo.
A veces escribo sin cuaderno, cuando miro el atardecer o cuando hago nuevos amigos. Me di cuenta que mis montañas ya no me protegen, ahora me encierran; sin dejarme ver que hay más allá, y sin dejar que el más allá me vea a mi. Y las gaviotas y mis gatos me dijeron que yo tengo que salir para encontrar las historias que se tienen que contar. Repentinamente solo soy ojos que ven, oídos que escuchan y dedos que escriben.
La familia de papá está compuesta por músicos, y mi mamá es artista visual. A ambos les hubiera gustado que siguiera sus pasos, pero me aman igual. No se dan cuenta que hago ambos, como me siempre me las arreglo para matar dos pájaros de un tiro.
Lo que escribo, se ve y se escucha. Lo que veo y escucho, escribo.
A veces siento que sangro palabras.

January 02, 2015

¿Sabes de donde salió? (Poesía por mi tío)

De aquellos días
de aquellos viajes
donde el boleto
para la vuelta
sale muy caro.
De aquellas noches
sin estrellas.
De aquellos pasillos
de las entradas,
de las salidas,
de los sueros,
de mis golpes.
De las manos atadas,
de la promesa falsa
de no volver a caer.
De las 86 soluciones
a mis respuestas.
De Pink Floyd,
de la apatía,
de mi indiferencia.
De aquellas obras de arte
pintadas con rojo sangre.
De la depresión,
del suicidio frustrado,
de la mañana angustiante.
Del primer paso
a la misma locura-
Acordate que si te desatas
las manos y las abrís
podes parar algo.
Si las cerras
podes golpear
pero si las juntas
y las entrelazas
podes orar a tu dios
y pedirle que te saque.-
Hoy estoy bien.

Walter Hugo Bertotto (1991-92)

(el poema estaba escrito detrás de este cuadro dibujado sobre un cartón. 1991)

December 20, 2014

Mond (II)

Valoro enormemente que algo o alguien consiga arrancarme una sonrisa. Y algo que frecuentemente lo hace es la vida misma.
Mi memoria, digamos, se fragmenta en los eventos que me han marcado o los que se han marcado en mi, por simples que sean. Y los recuerdos que he reprimido a través de los años, hasta dudar de su existencia. Existe un antes y un después de esos recuerdos. Encuentro recuerdos mas reprimidos en mi niñez, cuando todo transcurría lento. Las horas eran dias, los dias eran meses y nunca encontré el sentido al reloj o al calendario. El mundo y su paso era eterno, infinito y los segundos no existían.
En la mitad de mi adolescencia, no recuerdo muy bien en que momento en particular, el mundo (o mi vida) pareció meter cambio y apretar el acelerador. Desde entonces no se ha detenido, y los dias no me alcanzan. No es que la situación es graciosa en si, pero me desprende una sonrisa de ironía, que la infinidad se haya hecho presente en una época donde no la percibía, ni me importaba. Ahora, solo me visita una vez cada tanto, escondida en un momento de cotidianidad. Aprendí a percibirla, y abrazarla aliviada, como una salida a la desesperación de vivir una vida corriendo a la par de un apresurado reloj. La sujeto como si quisiera retenerla, lagrimeo cuando me doy cuenta que se ha ido.
Asi la eternidad como momento, se me escapa de los dedos. Rápida llegada, rápida partida. Y deja su marca en memoria como si caminara con zapatos de fuego. De esos momentos terminaba de convencerme, que la eternidad es algo tan libre, que era casi estúpido que alguien la persiguiera con locura.

December 17, 2014

Mond (I)

Me siento como al borde de un precipicio.
Siento como el viento juega con mi cabello, como si fuera microscópicas mariposas de aire. Siento el contacto puro con el suelo y mis pies descalzos, como si hablara con la tierra a través de mi piel. 
Me siento al borde de un precipicio, pero no hay nada de malo en ello.
Abajo el mar me observa expectante, y me recibe con su perfume salado. No hay nada de extraño, no hay temor en ello. Por lo contrario, siento que observo mi hogar, que al fin estoy en el lugar correcto en el momento correcto. Y es tan fácil pararse allí, pertenecer al viento y a la sal, ser uno con el mar y con el precipicio y con las rocas. No me importaría saltar en lo absoluto; pero de pie allí el tiempo parece ir mas lento, ya que es imposible que se detenga. He encontrado el lugar en el mundo donde los relojes no sirven, donde los días no corren, el dominio del presente, el país del ahora; su ultimo refugio en este mundo apresurado que se atropella a si mismo. 
No importa mucho como me llamo, de hecho no importa nada. Solo importa mi atras, y la historia que cargo en la mochila. Pero si vieras lo que veo, ni siquiera eso importaría. Para nada. Ahora solo importa el precipicio y el mar. 
Mientras tanto podes llamarme Mond.

September 19, 2014

El Abrazo

Me pintaron los ojos
de carmesí;
y yo los abracé.
Patearon mi voz
y aún insistí,
con balines de insultos
contra la piel.

Yo que tomaba
en brazos
tierras quemadas,
tobillos raspados,
canciones muertas
y un débil
puente de retazos.

Escupieron mis pasos
con seco llanto,
y al fin cedieron;
quizás solo vieron
que fuerte y todo,
también yo necesitaba

un mero abrazo.


-K

September 18, 2014

Lo que yace en lo profundo

Y su cuerpo ella ya no controlaba, una fuerza mucho mayor la manejaba, la empujaba junto con el viento. Sus pies descalzos chocaban contra las rocas con tal fuerza que su piel se desgarraba , la sangre corría y sus uñas se astillaban; pues Laila peleaba con todas sus fuerzas contra aquella magia que la obligaba a encontrarse con su destino, su aparente final. Frente a ella sus cabellos negros, como el plumaje de los cuervos, tapaba su visión, pero más allá de ellos veía el cielo gris y aquel horizonte infinito surcado por el mar.
El mar. Estaba siendo llevada hacia el mar. Y la marea comenzaba a alzarse y acercarse peligrosamente hacia Laila. El viento chocaba y las olas subían con sonido tan ensordecedor que si hubiese ella podido gritar, ni siquiera alguien junto a ella la hubiese escuchado, pero estaba sola.
Estaba siendo desterrada. Desterrada de su tierra materna y de la tierra de la cual se enamoró, de aquellos pocos a quienes tenía guardados en su pequeño corazón. Le hubiera gustado que el cielo no fuese gris, le hubiera gustado poder despedirse, poder ver el sol en lo alto o el color en los árboles. Pero aquí no habían árboles, habían rocas y cielo gris, y la marea que subía peligrosamente en su completo aumentaba con cada paso. Era arrolladora, aplastante y por sobre todo abrumador. Todos sus conocimientos no la ayudaron para salvarse del mar que vino por ella, las olas la cubrieron como una sábana y la espuma se tragó su alma y la aplastó y la llevó hasta su abismo más obscuro, donde ella perdió el conocimiento y se volvió parte del mar, donde sin conciencia alguna cumplió su destierro.
Esa memoria de ser engullida por las profundidades era constante en su mente, y el momento se congeló para siempre mientras todo lo demás fue negro. Obscuridad sin fin y sin recuerdos: vacío.
Por eso cuando volvió a abrir los ojos, finalmente en control de su cuerpo, estaba tan horrorizada y aturdida, perdida y desconcertada. El repentino despertar hizo que sus ojos, cuyos párpados habían estado cerrados tantos años, se abrieran y observara todo a su alrededor sin poder hacer coherencia alguna de las imágenes y colores. Se concentró en ella misma, lo primero que pudo ver fueron sus piernas; se notaban los huesos de sus rodillas, nunca fue ella tan escuálida. Intentó moverlas, más no pudo. Una sustancia viscosa y extraña las cubría,ella las sentía gelatinosas y frágiles, sus brazos y manos, todo su cuerpo, temblaba. Estaba siendo sostenida, alguien tenía su por brazos protectores, frente a ella había un niño de unos 10 años aproximadamente, de ojos celestes, grandes y curiosos que la miraba indiscretamente. Laila usó toda su fuerza para poder girarse y ver quién la sujetaba, era un hombre por seguro, pero su cara cambiaba y pasaba de un hombre mayor con canas y arrugas, a un joven de cabellos oscuros y largos; y mientras las marcas en su cara transmutaban él dijo “Laila, Laila, soy yo”, Intentando darle confianza musitó “Skule”. Ella lo miraba con ojos perdidos, ¿Conocía a aquel hombre cambiante? Su cabeza se sentía oprimida y no podía recordar, creía que sí pero cómo saberlo por seguro “Todo va a estar bien”.
Su voz y su nombre hacían que algo apareciera en un rincón lejano y profundo de la mente de Laila y pensara, era como un recuerdo o como una sensación de melancolía, no podía saberlo.
Ella seguía temblando a pesar de el aliento que aquel hombre intentaba darle, sus labios no podían separarse para emitir ni un sonido, y no sentía que todo estaría bien, a pesar de estar siendo cargada por ese hombre los cimientos de donde se encontraban se movían, se balanceaban, ella lo sentía, había un continuo movimiento; y no distinguía si el sonido de las olas era un fantasma de sus pesadillas que la perseguía en su despertar.
Negó con la cabeza. Las cosas no estaban bien, no estaban bien para nada. Su cuerpo no dejaba de temblar y cada una de sus respiraciones se sentía como la primera y la última. Una imagen golpeó su cabeza tan fuerte que creyó perder la conciencia, sentía las palpitaciones de su corazón dentro de su cráneo y podía ver las olas que chocaban contra las rocas y se alzaban en lo alto sobre ella, cayendo ahogada, podía sentir el olor de las algas y saborear la sal, podía sentir el frío y el agua que la acariciaban con torpeza, y la imagen se esfumó, pero en su cabeza seguía latiendo con fuerza el dolor. Al fin pudo despegar sus labios y tomó una bocanada de aire tan grande como pudo, sin animarse aun a utilizar su voz. Sus dientes chocaban entre ellos, observó y descubrió que estaba en un bote, no, una embarcación, un barco… vio a su alrededor, un barco pequeño en medio del mar, y el pánico entró en sus venas tan rápido como el corazón bombea sangre. “No”, murmuró y negó con la cabeza con todas sus fuerzas. El niño sentado enfrente alargó sus pequeños dedos hasta el corazón de Laila, y un calor se esparció sobre su cuerpo, dejó de temblar, el niño sonrió y en su pequeña sonrisa con hoyuelos se notaba que en realidad era una pequeña niña, una niña del mundo natal de Laila. Cómo le dolía la cabeza pensar en su mundo natal, ¿Cómo se llamaba aquel lugar del que provenían?
Las olas la seguían atormentando, pero ahora se podía concentrar. Volvió a mirar atrás y Skule era un hombre joven con cara de extrema preocupación, posó su mirada detrás de él y detrás de su respiración, y pudo ver y escuchar las olas abrumadoras. Comenzó a reconocer su cara, era alguien a quien ella conocía. Por eso le dijo algo que sólo le diría a alguien en quien confiaba, y le susurró en su oído cerrando los ojos “sácame de aquí”. Skule asintió con la cabeza y luego miró a la niña disfrazada de niño e intercambiaron palabras que Laila, aun aturdida, no se molestó en escuchar. Los brazos que la sostenían la sujetaron con más seguridad y se levantó en el aire, luego de unos pasos entró en una sombra y se sumieron en la más profunda y vacía oscuridad, una oscuridad seca y fría. No se veía absolutamente nada, pero cuando Laila cerraba sus ojos para pestañear, volvían a caer sobre ella una por una las gotas del mar hasta cubrirla por completo. Cuando volvió a abrir sus párpados, estaban frente a una cabaña en el bosque, el sonido de las olas no parecía haberse ido por completo; Laila no reconocía aquella construcción alpina alta y de madera, con balcones y escaleras que salían de un balcón a otro y se veían como un laberinto de escaleras y ventanas, donde arriba del todo había una cúpula con un ventanal oscuro.
“¿Crees que puedas caminar?” Ella no estaba segura, había dejado de temblar pero no había tocado suelo firme desde…Había perdido toda noción del tiempo. Miró sus piernas y recapacitó en que estaba desnuda, lo exclamó en voz alta y su protector se rió. “Si, lo estas. Eras una sirena hasta hace un rato, las sirenas no se visten”.
Ella decidió ignorar toda esa situación y preguntó “¿Cuánto tiempo pasó? ¿Qué lugar es este, es tu casa?” Laila tartamudeaba por el frío, él negó con cabeza y ella se tensó. Escuchó entonces un sonido extraño y miró devuelta hacia la alpina, donde habían algunos gatos jugando y un gran pavo real blanco mirándolos, era aquel animal quien había emitido tal ruido. Un instante después, la puerta se abrió y de allí salió una mujer con cabellos rojos y ojos color miel, de piel blanca y suave, que llevaba una capa de un verde inglés. Los observó con curiosidad, y cuando posó sus ojos en Laila se sobresaltó, enseguida los invitó a pasar, con palabras cálidas le ofreció abrigo y le dio una habitación con una cama donde, según dijo la bruja de la cabaña, debería descansar.
Laila no quería ayuda alguna, no quería sentirse desesperada como se sentía, ella necesitaba ser fuerte como siempre fue y poder salir como si nada hubiera pasado, pero cuando tocó tierra vomitó y luego a 5 pasos de levantarse se volvía a caer. Estaba extremadamente flaca, y sus dedos tanto los de sus pies como los de sus manos estaban congelados, no podía negar la ayuda de la bruja, aunque no quería ayuda. Cada vez, absolutamente cada vez que cerraba sus ojos, la figura de ella misma parada en la playa de piedras, sola en aquel infinito horizonte, enfrentando algo que no pudo vencer, aquella desesperante y solitaria imagen y la sensación de ahogo volvían a ella. Vencida, ya que no podía seguir su propia voluntad, quedó a merced de aquella mujer quien la dejó acostada en aquella cama y se fue a hablar con Skule. Charlaron en voz baja, historias se contaron y preguntas se hicieron, mientras, en el dormitorio, las pesadillas sobre profundidades obscuras donde los pulmones se sofocan y la visión se nubla.
Habían huesos. Infinita cantidad de huesos cubrían lo profundo. En la pesadilla estaba nuevamente desnuda, y caminaba sobre los huesos, que se clavaban en la planta de sus pies, y se esparcían y movían a medida que caminaba sobre ellos, el sonido que emitían los movimientos de los huesos era fuerte y claro, con un eco que resonaba en aquella profundidad.
A medida que caminaba se acercaba a algo que irradiaba luz, una figura humana sentada en aquel claro de huesos, era una joven cubierta por un velo blanco, de cabellos negros y con una corona gris puntiaguda, estaba dándole la espalda por lo que Laila por lo que no podía ver su rostro. Resonaba bajo el mar una voz oscura que se pegaba en el inconsciente de la mente, palabras que se hundían dentro de tu carne y se pegaban a tus huesos, que hacían eco en tu inconsciente.
“No deberías temer lo que yace en lo profundo”. La imagen en el sueño cambiaba nuevamente al momento donde la espuma de las olas cubrían a Laila como una sábana, y luego volvía a aquel claro de los huesos, y la voz susurró devuelta “Solo son huesos”. Se escuchaba a resonancia en aquella profundidad, y a medida aquella joven se giraba para ver a Laila, las olas volvían, la chocaban, absorbían y la arrastraban contra su voluntad, y así ella se despertó de un salto, con su corazón latiendo más de lo que lo recordaba capaz de latir.
La bruja que la hospedaba, se encontraba sentada junto a ella en su despertar, al hacer contacto visual le sonrió, y la visión de ella la relajó de alguna manera a Laila. Sentía un halo protector y sentía que había recuperado sus fuerzas, “Me llamo Yvette, y te voy a ayudar, no te preocupes. Yo te voy a acompañar, dime Laila, ¿Recuerdas algo aparte de tu destierro?”
Esta vez, cuando intentó recordar, ya no palpitaba su cabeza, venían imágenes, un oso blanco y Skule, una nube de oscuridad que rodeaba a una mujer con cabellos de tentáculo, peleas y luchas contra criaturas malignas. Recordaba no haber nacido en aquel mundo de magia, brujas y animales que hablaban, pero no podía recordar nada de su tierra natal. Todo eso contó a la bruja protectora, y lo primero que Yvette le dijo luego de escuchar en silencio, fue;
“No es culpa del mar lavar todas las memorias del pasado y devolverlas erosionadas”




Nogar

Elena recorría los campos antes de volver a casa. Era mejor si tardaba en volver, porque no quería cruzarse con su padre, pero también era mejor si volvía rápidamente o él se enojaría; a Elena no le gustaba cuando su padre se enojaba; era herrero, y por lo tanto fuerte y fornido. Pero era mejor que su madre, ella los había dejado a ambos por otro hombre.
Volvía entonces, con las palanganas llenas con agua del río, cuando sus oídos estallaron ante un chillido agudo y lastimero. En el susto, las palanganas se resbalaron de sus dedos, el agua cayó y mojó todo a su paso, sus sandalias se inundaron y la tela con la que estaban hechas se estiró, pero ella estaba paralizada. Sucedió devuelta, el sonido pertenecía a una criatura, eso por seguro. La repetición la despertó de su terror para impartir curiosidad en ella, y se desvió del camino para investigar.
Usó para acercarse al origen de la criatura los silencios entre los aullidos de agonía. La luz que se filtraba entre el follaje de los árboles convertía la escena en un paisaje encantador, daba la sensación de que nada malo podía pasar allí, no con tal belleza al rededor. Caminó metiéndose entre los árboles sin sendero, corriendo arbustos con débiles brazos, tratando de no pincharse con sus espinas.
Cuando antes el aire era puro; el del pasto húmedo luego de una lluvia, Elena comenzó a sentir náuseas mezcladas con terror al acercarse a aquel agonizar cada vez más constante; un olor agrio y fuerte empezó a tomar lugar, y en ese entonces ella divisó al culpable.
Antes de poder entender lo que era que estaba viendo, un calor súbito la hizo tirarse al suelo, era fuego...una bola de fuego. Detrás de ésta había un dragón. No era el más anciano de los dragones, al contrario, era joven, pero tampoco era un bebé. El fuego que había lanzado a Elena era débil, como él mismo, y al ver que ni a ella pudo matar, echó su cabeza sobre el suelo vencido.
El olor nauseabundo era el de la sangre y carne quemada. Hubiera sido inteligente de Elena correr en ese momento, pero no podía. El joven dragón estaba muriendo sobre la escena de una batalla que solo indicaba, que su muerte era un acto de venganza. Cuando ella pudo ponerse de pie, no fue para alejarse, si no acercarse. El dragón la miró de reojo, pero no hizo nada.
Ella se acercó, tocó su cuello, le cantó y le dijo que todo estaría bien. Su escamoso cuerpo era duro y resbaloso como el cristal, y los dedos de Elena se mancharon con sangre. El dragón no lloró más, tal vez por orgullo, tal vez porque la compañía le hizo bien. El dragón no lloró más, pero entre sus respiros se escuchaba, Nogar, Nogar. Sería ese su nombre? Sería aquel que lo mató?
Otro grito diferente provino del bosque, del camino por el cual ella se había desviado. Llamaba su nombre, era su padre. Elena no podía dejar que su padre encontrara al dragón, pero tampoco quería dejarlo fallecer en soledad. Limpió la sangre de sus manos con sus sandalias mojadas, y las tiró por allí. Besó a Nogar entre los ojos, y corrió devuelta al camino donde debía estar su padre.
El dragón mira el cielo en el que sus alas se batieron por última vez. Sus escamas crujen en el crepúsculo, y se prepara para enfriarse finalmente. Está cansado, más que cansado, y solo quiere dormir. Así sus párpados, que cubren ojos amarillentos que tanto han visto, se cierran. Su cuerpo imponente se acomoda bajo los cadáveres calcinados de humanos y criaturas, y suspira, exhalando una última chispa de fuego rojizo.










Final (último párrafo), Kay
Todo el resto, yo

July 28, 2014

De transeúntes efímeros

Al crecer en una isla
Donde todos llegan
Y todos se van
Uno aprende
Quiera o no
Que nada es para siempre
Y que todos se van
Sin importar las circunstancias

Y al crecer en una isla
De transeúntes efímeros
Aprende de chico
A desprenderse
El que no te encariñes
Por que vas a tener que decir adiós
En un punto u otro
Por que todos llegan
Y todos se van

Y el crecer en una isla
Con esta creencia
Inserta en nuestros huesos
Se crea una desconfianza
Un temor a amar, a atarse
A algo que sabes que
Inevitablemente
cruzará el mar
Y te dejará atrás

Y cuando creces en una isla
Donde el desarraigo se enseña
Uno piensa que vivirá siempre
Viendo a todos quienes van y vienen
Y que sufrirá cada separación
Pero tal vez no se imagina
Que en algún momento
También te tocará irte
Porque todos llegan
Y todos se van

September 26, 2013

El hombre en la habitación (traducción de K)

Hubo una vez un hombre; bastante delgado, bastante alto. Disfrutaba de todas las pequeñas cosas de la vida y la vista desde el parque.
Este hombre estaba en una habitación; bastante pequeña, bastante cerrada. Estaba hecha de madera, y tenía un techo de enredadera.
Se sentaba ahí, delgado y alto, en su casa hecha de madera. Su silla, construida por él mismo, sus manos eran duras y habilidosas, aunque sus brazos fueran largos y delgados.
La casa de madera, cubierta por la enredadera, solo tenía una ventana. Tenía cuatro esquinas, sin cocina ni tocador. El hombre se sentaba ahí, en la silla que había hecho por sí mismo; miraba a través de la ventana.
Fuera de la ventana el hombre vio la enredadera, toda clase de pequeños bichos caminando en ella. Más lejos había árboles y pasto, y un cielo que el hombre no podía observar.
Se sentó ahí, mirando su enredadera y los arboles a lo lejos. Su propia silla, debajo de él, y libros a su alrededor. La casa de una sola habitación estaba hecha de madera, y no tenía nada más que una silla y montones de libros.
La ventana era amplia y grande, los arboles afuera eran verdes. La casa hecha de madera con techo de enredadera estaba en el medio del campo, rodeada por árboles. Esta habitación no tenía puerta, ni manera de salir.
La habitación con el hombre en ella, no solo estaba hecha de madera, sino que también era acogedora. Para el hombre todo duraba para siempre… su eterno mirar hacia afuera, pero aún con su mente en la silla que había hecho con sus propias manos. Sus manos eran duras y habilidosas, aunque sus brazos fueran largos y delgados.
El hombre en la habitación se sentaba ahí, completamente solo, con una ventana hacia el pasado y montones de libros. Estaba solo, no podía hacer nada al respecto, pero aun así no construyó una puerta. Este hombre, bastante delgado, bastante alto, era efímero. Un momento estaba ahí, el siguiente no lo estaba.
Tan fugaz, tan perecedero, tan ligero, tan efímero. ¿Siquiera él existía? Una vez había sido un hombre que disfrutaba de todas las pequeñas cosas de la vida y de la vista desde el parque.
Se sentó ahí, en la habitación que había construido y la silla que había construido, con sus tan habilidosas manos, y miró a través de la ventana en soledad, pensando, ¿pensando en qué? ¡Pensando en todo! En la enredadera que crecía en su casa, en todos los libros a su alrededor, en el calor y, aun así, en ese frío, acerca del pasado y del futuro.
Pasó su vida en la introspección de su casa; no había una pulgada de ésta que no conociera. La madera tallada, cada hoja de la enredadera, sus libros, la ventana.
Y aun así, cada segundo parecía durar siglos en esa gloriosa vista de todo lo que anhelaba. La vida resultaba tan quieta allí en la pradera. La vida empezaba y la muerte atacaba. Ciclos y ciclos se repetían una y otra vez, y el hombre en la habitación con la enredadera en el techo, se preguntaba: ¿Habría un día en el que el mundo moriría?
Solo, mirando a través de la ventana, en esa casa hecha de madera, pensó en alguien que solía conocer, y en un lugar en el que solía vivir, y en alguien que solía ser. Y pensó en cuan feliz era, y cuan triste era. Porque, para el hombre en la habitación, no había felicidad sin tristeza, ni tristeza sin felicidad. El hombre sonrío y lloró, y se sentó inmóvil en la silla que él mismo había hecho, con sus habilidosas manos.
Todo estaba tan quieto, tan callado, sin sonido. Se preguntó si estaba vivo o muerto, se preguntó que pasa cuando morimos y que pasa antes de nacer, se preguntó si los volvería a ver, si alguna vez dormiría, comería o respiraría de nuevo, si alguna vez podría hablar en voz alta de nuevo, si conocería el fin de su soledad, si encontraría algún día un lugar al que llamar hogar, si algún día construiría algo otra vez. Se preguntó.
¿Había un fin para la infinidad? ¿Qué tan grande era la mente?
Su casa era pequeña porque en un espacio cerrado te sientes un poco menos solo, y aún así estás completamente por tu cuenta. Había comodidad en lo pequeño, era atiborrado y acogedor. La enredadera se veía vieja y sabia a la vez. La ventana lo dejaba ver todo lo que deseaba ver, cosas tanto cosas tristes como felices, y aun así tan quietas.

Hubo una vez un hombre, bastante delgado, bastante alto. Disfrutaba de todas las pequeñas cosas de la vida y de la vista desde el parque.













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Escrito por V N Lené
Traducido por Kalen Lopez
Corregido por Luciana Cabañez 

September 07, 2013

El comienzo de un guion. "inserte aqui un titulo misterioso"

Dramatis personae

Detective Williams
La secretaria de Williams
El señor Donovan
La señora Donovan
Danny Bloom
Steve Harris
El cocinero (le había puesto un nombre pero se me olvidó)


Escena 1

Detective Williams - Secretaria

Escenario– oficina, sumida en la oscuridad, la luz entra por las cortinas y una lámpara de mesa que no se llega a ver. Se muestra el detective , cuya cara es tapada por un periódico, la escena muestra la habitación en su completo, puede verse un humo por que el detective Williams esta fumando. Un acercamiento de frente,donde en primer plano está el escritorio y el periódico del detective, quien lo baja lentamente para apoyarlo sobre la mesa, no se ve su cara, pero si su mano con el cigarrillo y su mano izquierda sobre el periódico, hace un ademán de levantarse, y la cámara cambia devuelta, la escena mostrándose desde fuera de la ventana, una de las dos cortinas está corrida, y se observa el consultorio del detective, se escucha un knock knock y la puerta que se abre, hasta la ventana corrida se acerca una dama con unos papeles en sus brazos listos para entregárselos a el señor Williams.

Secr –Hubo un homicidio, creo que puede ser de su interés, se ha pedido absoluto silencio hacia los medios en cuanto a este caso.
A pesar de que se puede observar a su secretaria la cortina sigue tapando al detective,sin más, se escucha su voz que le responde, fuerte y claro
D. Will– ¿Cómo es la víctima?
Secr –Hombre, 40 años, casado, sin hijos, asesinado en su cama en una cena con su esposa y compañeros de trabajo. Va a tomar el caso?

Entonces el detective Williams corre la cortina, y asienta con su cabeza. Toma los papeles y su secretaria desaparece tras la pared, la cámara vuelve a enfocar la habitación en su completo, mostrando a Williams contra la ventana, leyendo los papeles.

Escena 2

Señor y Señora Donovan – Mr. Danny Bloom - Mr. Steve Harris –

Luz nítida y clara, la imagen muestra un comedor en su completo, donde hay una mesa y la señora Donovan esta sirviendo el postre a sus invitados, el señor Bloom y el señor Harris, con una sonrisa en su cara, y sentándose devuelta, no hay ningún sonido que acompañe lo que sucede, pero se ve que tanto Mr Bloom como Mr Harris estan hablando y ella asiente con su cabeza, mientras todo esto sucede la voz en off del detective William narra;

D Will-El señor Donovan había invitado a su cena a sus dos compañeros de negocios, el señor Harris (se hace un primer plano en la cara del señor Harris) y al señor Bloom (acercamiento en primer plano del señor Bloom, luego como primer plano esta la mesa, tanto Harris como Bloom de espaldas, y se muestra a Donovan haciendo gestos de dolor de cabeza y levantándose, su esposa alarga un brazo para ver que este bien y lo deja ir, se sigue mostrando la mesa pero esta vez la señora Donovan está de espalda y se ven a ambos compañeros de trabajo comiendo con traquilidad), y según todos los presentes confirmaron, a medias de la cena la víctima dice tener un dolor de cabeza y expresa su deseo por acostarse, por lo cual se va a su habitación. Dos horas después, Bloom lo encuentra muerto en su lecho,con un cuchillo de su cocina clavado en el corazón. (la escena cambia a la habitación oscura donde la poca luz que hay esta dirigida al cuerpo con el cuchillo clavado) Interesante.

-Tiíulos de la película :DDD-

Escena tres

Williams– la señora Donovan – Harris – Bloom

Cementerio,toma de la cintura para arriba, las cámaras van mostrando por separado al detective, a la señora Donovan, y a ambos desde diferentes perspectivas, la iluminación es natural, luz del día brillante. El detective se acerca a la mujer, la voz en off de éste cuenta mientras tanto “He decidido tomar el caso, hoy es el funeral del buen hombre, por lo que aprovecharé para echarle una vista a nuestros sospechosos,es un funeral particularmente pequeño, ah, ahí esta, la mujer de la víctima, la señora Donovan”

DetWill- Buenos días Señora Donovan, lamento su pérdida. Era él buen hombre?
La mujer lo mira pero no responde
DetWill- Perdóneme, la he ofendido de alguna manera en mis humildes palabras?
MrsDon- ¿Y usted quién es?
DetWill- Detective e inspector Williams, a su servicio. Es este un funeral muy pequeño, no hay familia?
MrsDon- No, la poca familia que le quedaba no quiso venir por el rencor que me guardan, bastante egoísta, es el funeral de su hijo. Esperaba verlo hasta dentro de un tiempo, detective, ¿qué lo trajo a este oscuro funeral?
DetWill- Comenzar las investigaciones, es bueno encontrar a los sospechosos desprevenidos así no consiguen tiempo para inventarse mentiras.
MrsDon- No es lo más delicado andar diciéndole su estrategia a los sospechosos, no lo cree? –luego de un silencio dice- Y qué ha reunido en información hasta ahora?
DetWill –La esposa no llora
MrsDon- Oh no, él era un buen hombre y un buen esposo, pero no vale que se me corra el maquillaje.
DetWill – ¿Lo era?
MrsDon- ¿Qué? Oh, ¿Buen hombre? Lamentablemente lo era, como usted bien sabrá estimado detective, a los hombres buenos siempre les toca la peor parte.
DetWill – Creo que con las buenas acciones hay buenas recompensas – Mrs Donovan ríe-¿No cree que hablo en serio?
Mrs Don- Digame, inspector, ¿Es usted competente en su trabajo?
DetWill – Creería que si, considerado uno de los mejores entre mis compañeros de trabajo.
Mrs Don– Esa es la única afirmación que necesito para saber que tipo de hombre es, gracias detective. ¿Necesita saber algo más?
DetWill - ¿Su esposo tenía algún enemigo en especial? ¿Alguien quien, particularmente, lo quisiera muerto?
Mrs Don– Lamento no poderle responderle mejor que esto, pero todos eran buenos con mi difunto esposo, quienes lo apreciaban y quienes no, es difícil diferenciar, ya que todos ponen cara de buenos cuando esperan recibir algo a cambio.

“Había algo sospechoso en la mirada de aquella cínica mujer, con años de experiencia,pude leer, que ocultaba algo; quizá demasiado, en sus respuestas esquivas. Lo mejor será hablar con los otros sospechosos, el cocinero no estaba en el funeral. Ah, allí está el señor Bloom, la mano izquierda en el exitoso negocio del difunto señor Donovan.” La cámara sigue al detective hasta que este llega al señor Bloom y el MO de filmación es el mismo con el de la señora Donovan

DetWill - ¿Es usted un compañero de trabajo de Donovan?
Bloom –Efectivamente
DetWill – Me he enterado que estaba allí la noche que lo encontraron muerto, que tragedia, no lo cree?
Bloom –Perdone la pregunta, pero no creo conocerlo ¿Quién es usted?
DetWill – Williams, estoy investigando el asesinato. – Bloom asiente con la cabeza- ¿Cómo era tu relación con lavíctima?
Bloom -¿No te parece un poco enfermo preguntar cosas así en un funeral? Él es mi amigo…Era. Quizá yo no fui tan bueno con él como el lo fue conmigo… No quiero hablar sobre el tema, vaya a investigar a otro lado por favor, quiere?
DetWill – Tiene toda la razón, perdone mi indiscreción; Adiós.
Se enfoca en primer plano el torso del detective Williams, su mano sacando del bolsillo un cuaderno y lápiz y anotando las palabras exactas que Bloom le dijo.
Harris– Perdóneme, no creo conocerlo, es usted un amigo o familiar de mi gran amigo Donovan? Dios cuide mejor de él, ahora que esta en el cielo.
La cámara vuelve a enfocar de busto arriba a Harris y a el detective Williams
DetWill – Siento que me he estado presentando ya demasiadas veces hoy, pero me llamo Williams.
Harris– Veo por su atuendo que usted debe ser sin duda un detective, ya que el nombre no me suena haber sido mencionado por mi amigo Donovan.
DetWill – Efectivamente! Es usted muy observador
Harris– Oh, gracias. ¿Investigando este mundano asesinato? No se cuanto habrá avanzado, pero es un tema muy oscuro en verdad, ya lo creo. Un romance escondido, personas que pretenden ser amigos, venganza, amor y sangre, no es amor uno de las principales razones por la cual el hombre mata?
DetWill – Realmente lo es, pero, ¿Qué es eso que dice? ¿Un romance escondido?
Harris– No, no, no quiero hablar mal de mis amigos a sus espaldas, no puedo. –un silencio- pero hay un hombre muerto, lo mejor es decir la verdad, no lo cree?–Williams asiente - Detective, lo veo como un hombre despistado, cuánto tiempo ha estado observándonos, y no ve el amorío que hay entre la viuda y el fiel compañero de trabajo? Danny Bloom es un verdadero traidor a los códigos varoniles, pero he hablado demasiado! Siempre mi problema. Lamento mucho molestarlo con tal pleno cotilleo, creo que pude haber tomado un poco demás, que tenga un buen día.

Escena cuatro

Williams

Primero esta todo a oscuras y la habitación va aclarándose lentamente
“Con tan solo tres de cuatro sospechosos, logré tener una idea general de lo que sucedía en la casa de la víctima, pero sin embargo hay bruma que nubla este caso,deberé ver mañana mismo la casa de los Donovan, y conocer al cocinero. Mientras tanto, comencé a preparar el mapa estructural de mis conocimientos en mi leal pared”
Se muestra al detective Williams de espaldas, cintura para arriba, organizando papeles con hilos que marcaban fotos con los sospechosos y notas aquí y allá,se hace un enfoque a todo lo que hay en la pizarra, deteniéndose en las fotografías de los sospechosos.

Det Will– Entonces, repasemos por última vez los sucesos.

Escena cinco

El señor Donovan – La señora Donovan – Bloom – Harris – El cocinero

“El matrimonio Donovan, Harris, Bloom y el cocinero personal del señor Donovan, estaban en la casa de la víctima, teniendo una cena tanto amigable como profesional,pues tanto Danny Bloom como Steve Harris son los compañeros de negocios en su tan aclamada y exitosa empresa. Fue a las 9:15 que la víctima se retiró a su habitación para recostarse.” En este momento la escena cambia devuelta a el momento de los hechos, vemos devuelta al señor Donovan retirándose de la mesa, y la espalda de Bloom mirando con horror el cuerpo muerto de su compañero de trabajo. “Danny Bloom lo encontró acuchillado en el corazón, aun vivo, agonizando hasta su último respiro.” Acercamiento al arma y el cuerpo del difunto “El cuchillo estaba lavado, y solo tenía las huellas del cocinero, lo cual es lo más natural por que éste es el único quien maneja los cubiertos de la casa. El cuerpo no conservaba ningún tipo de pista, a mi decepción, fue acuchillado una sola vez, y tenía vestido su bata de dormir.” Se vuelve a filmar el comedor, se muestra todo tal como lo narra el detective “Volviendo al cronograma, Donovan a las 9:15 dice tener una migraña y parte a su habitación, a las 9:30 el cocinero se va a la cocina, para lavar los platos como es su costumbre, no 15 minutos después vuelve para servirle a los invitados un cóctel de bebidas, a las 10 en punto, la señora Donovan dejó a sus invitados solos con la excusa de ver como estaba su marido, para volver 5minutos después, aclamando que su esposo dormía en calma, luego a las 10 y cuarto Danny Bloom se retiró a su habitación, minutos luego se escuchó su grito, pues había encontrado el cuerpo muerto del señor Donovan, demasiado débil para hablar, murió minutos después.“

Escena seis

El detective y su secretaria

La cámara muestra devuelta la oficina del detective, éste escribiendo en su máquina de escribir sus pensamientos, tomando de su vaso, la iluminación va apagándose rápidamente, para luego volver a prenderse con luz a través de la ventana, con la luz de su lámpara prendida también, el detective yacía dormido en su escritorio, con el vaso volcado y la botella casi vacía, varios papeles aquí y allá, la escena está tomada de la cintura para arriba, lentamente alejándose del protagonista para mostrar la habitación completa, se escucha un knock knock, y la secretaria vuelve a entrar, se aclara la garganta una vez que llega en frente al detective y dice

Secr“Su aventón hacia la casa de los Donovan ha llegado, detective Williams, me pidió que le avisara cuando lo vinieran a buscar, no?” el inspector se despierta, le agradece a su secretaria y rápidamente se pone su saco y deja la habitación,casi a los saltos.

Escena siete
MrsDonovan – el cocinero – detective Williams
Escenario:La casa de la señora Donovan, se van a mostrar el comedor, la habitación y la cocina, la iluminación será de claroscuros. Tomas variadas de cuerpo semi-completo(hasta la rodilla) o de busto para arriba.
En el comedor de la casa, la señora Donovan lo invita a pasar a Williams
Mrs Don- ¿Le gustaría un poco de té?
Will –Un café me gustaría mejor, si no es problema, señora.
Mrs Don– Bien, siéntese por favor, ahora vuelvo.
La señora Donovan se va, por lo que el detective Williams se para nuevamente de su silla, y con una lupa comienza a mirar todos sus alrededores, escrutando por el suelo y bajo los jarrones, hasta que la señora vuelve y él esconde su lupa,para volver a sentarse.
Mrs Don– Bien, supongo que ahora hará sus preguntas para ver qué tan culpable del asesinato soy, me equivoco?
Will –Esta en lo correcto, er, si. Dígame, ¿a qué hora usted dejó la habitación con los invitados? ¿Fue a ver realmente a su esposo? ¿En qué estado estaba?
Mrs Don– Pues, la verdad es que fui al baño, a arreglarme los aros, pero con el indecoro que eso da, lo mejor era decirle a los invitados otra razón para mi ausencia, no lo cree?
Will – No, no lo creo. ¿Fue usted quién mató al señor Donovan?
Mrs Don– Le gustaría saber eso, a qué no? – Se ríe
Will - ¿Qué hay del señor Bloom? El amor secreto fluye entre ustedes dos, ¿no es así?
Mrs Don- ¿Quién le dijo eso?
Will –Eso no esta en mi decirlo – La señora Donovan se pone de pie
Mrs Don- ¿Quién se lo dijo?
Entonces entra el cocinero, con un té y un café en su bandeja, dejándole el café a Williams y el té a Joanne Donovan, quien suspira y se vuelve a sentar
Mrs Don- ¿Usted cree en el amor? Ah, para que pregunto, si lo cree. ¿Cree que yo lo amaba a mi esposo?
Will –¿Es esta su declaración?
Mrs Don– Para nada, esto es una lección para usted,nunca lo amé a mi esposo, el amor es una desventaja,cualquier sentimiento fuerte e impulsivo lo es, por eso yo no amo, ni odio, ni celo. Ese es el error de la mayoría, y es un error inaceptable para mi. ¿Contento?
Will –Para nada, el amor es lo más bello que hay, es lo que hace que esta vida tenga sentido, y en esto radica la esperanza! Oh, pero usted no tiene caso. ¿Le molesta si hablo con su cocinero?
Mrs Don– Para nada, detective Willliams, para nada.
La cámara sigue por la habitación al detective hasta que llega a la cocina
Will –Es un exquisito café este – sin respuesta por parte del cocinero, el detective se aclara la garganta - ¿Estaba aquí el día en que asesinaron a su patrón?
Coc –Si
Will –¿Podría usted ser tan amable de narrarme los hechos de aquel día? ¿Algo particularmente sospechoso?
Coc –No
Will -¿Lo estoy molestando?
Coc –Si, me esta molestando. Estoy intentando leer. – Acercamiento al libro que tenía en la mano.
Will –Pero, ¿no podría hacer un tiempo en su lectura para responder unas preguntas? Hay un hombre muerto, y un asesino suelto.
Coc –Siempre hay un hombre muerto, y un asesino suelto.
Will –Veo que Joanne Donovan no es la única cínica que hay en esta casa. ¿Acaso no le importa que su patrón este muerto?
Coc –No, yo sigo trabajando aquí, y me siguen pagando.
Will –¿Y qué tal la posibilidad de que, quien le sigue pagando, es la asesina? ¿No le preocupa ser el próximo en irse?
Coc –No, ella no ganaría nada matándome, sin embargo… el señor Bloom y ella si ganan algo matándolo a su esposo, ahora que esta viuda podrá casarse con Bloom y acceder a más dinero del que tenía antes, ya que ambos compañeros de trabajo se beneficiaron económicamente de esta muerte. ¿Me dejará leer en paz ahora?
Will –Tengo lo que quiero, por ahora, solo me falta encontrar pistas, y algo con Graciasseñor. Y ante a ninguna respuesta, la cámara lo sigue, y esta vez el detective se escapa a donde sabía que estaba la habitación del fallecido, la luz es oscura, él con su lupa comienza a investigar, y encuentra un papel bajo la cama, lo observa brevemente y lo guarda en su bolsillo, luego comienza a investigar por huellas digitales en la mesa de luz cuando escucha a la señora Donovan aclarando su voz
Mrs Don– ¿No necesitaría una orden de registro para hacer esto?
Will –Perdone señora, ya me iba.
Mrs Don– Si, por que de todas formas no le quedaba otra.