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March 17, 2015

Producción de textos: La difusión de cultura

La cultura de masas es aquello producido para que esté al alcance de todos, para nivelas la sociedad en un punto y este punto es donde yace el mediocre; el medio. Aquel que está en el medio es el mediocre, por qué? Porque al entregarte todo, toda la información, todo producto, diseñado para que sea consumido por todos, perdemos nuestra individualidad, perdemos nuestra visión crítica e identidad.
Sería grandioso que en la cultura de masas no hayan cuestiones superficiales, que no se centre en la economía y la degradación de quienes somos en nuestro núcleo. Me encantaría que el medio que nos una a todos sea uno donde se le de un espacio a la curiosidad y productividad. Pero no lo veo así, veo que quienes dirigen la ola de la cultura masiva utilizan su propia cultura para globalizar y homogeneizar la sociedad, cuando lo más bello que tenemos es lo que nos diferencia entre nosotros.
Pero creo inmoral negarle conocimiento a cierta clase social, el acceso a la cultura debe ser de todos, y si bien los Integrados (postura que promueve la cultura popular/de masas) apoyan esto, no veo a las masas tener un interés por la cultura, y creo que en su afán por protegerla, los Apocalípticos (elitistas) se la reservan solo para ellos.
Me gusta imaginarme un mundo donde la diversidad cultural se respete en vez de ser silenciosamente arrasada por conquistadores culturales que lo único que ganan con ello es satisfacer su codicia. Pero si no me miento, y por lo tanto, no te miento, cuando veo al futuro nos veo como un solo pueblo gracias a la homogeneización de la cultura de masas, donde solo habrá un idioma, una forma de pensar, una cultura, solo un pueblo esparcido geográficamente para ocupar la tierra. Y me entristece mucho. Es la obediencia sin reflexión la verdadera asesina, Y es lo que sucede con la cultura de masas industrializada. Es lo que sucede con los elitistas que se quedan su conocimiento y cultura para ellos.
Qué se puede hacer? Cómo salvar la diversidad cultural de la globalización inminente? Aprendamos. Estudiemos. Seamos curiosos. Y compartamos la importancia de la cultura, aprender es maravilloso. 

Mond (IV)

La gente es rara. Y no me estoy excluyendo de ellos, todo lo contrario. Yo sobrellevo mi rareza: la normalidad es muy subjetiva. Todos parecen tener un afán por decir esa frase y sin embargo a todos les encanta fingir que son comunes y corrientes. Uno incluso podría caer en la ilusión de que lo son, si tan solo se distrajera un rato.
Me he encontrado muchas veces a este tipo particular de gente que, taciturnas y carentes de autoestima, viven proclamando que no son amadas porque simplemente no lo merecen. Me gusta pensar que soy una persona que cree fervientemente que cualquier ser merece ser amado en el más banal de los sentidos, o en el más rebuscado y platónico. En el más poético y musical, porque si y sin peros, porque un "no" no es suficiente.
Pero ¿y qué si tenían razón? Las cosas cambian cuando se vive lo mismo que ellos y se piensa del mismo modo. Quizás... pero no. Solo logré comprenderlos más porque, quien sabe, tal vez habíamos vivido en la misma fantasía. Esa fantasía de creer que amar a alguien significa que nunca le haremos daño. Por muy lindo que suene, es solo una mentira que nos contamos para estar más tranquilos por las noches.
Pero la verdad es que el amor es un universo de incontables posibilidades, y asusta, pero encanta lo suficiente para cubrir lo asustados que nos sentimos. Tenemos el poder de dañar o de sanar.
Dos polos opuestos.
Resulta ser demasiada responsabilidad para quienes no quieren decepcionar a nadie, para un simple humano que ni siquiera puede amarse a si mismo y pretende amar al mundo entero sin medir el inmenso peso que eso conlleva, y el inolvidable placer que estúpidamente causa. Y nosotros, personas tan vacías y tan solitarias al fin y al cabo, no podemos entenderlo, en lo absoluto. Los filósofos embozan una cosa, los libros y poetas otra, los psicoanalistas otra...
Al fin y al cabo siempre nos decepcionamos al ver que todos ellos están equivocados.

March 05, 2015

Mond (III)

En mi niñez fui un ser cohibido, temeroso y ligeramente antisocial. Mi familia siempre fue pequeña y por mucho tiempo fui la única niñe (y con niñe me refiero a criatura infantil) en ella.
Yo me acercaba a las mesas de familiares con timidez, me sentaba en las sillas, con las piernas en el aire y observaba a mi alrededor en silencio sin intervenir en lo absoluto y sin comprender para nada lo que hablaban los adultos. Atisbaba sus expresiones, casi estudiándolos, quizás hasta aprendiendo como me comportaría cuando creciera. Siendo una persona muy callada, dedicaba completamente mi tiempo a pensar, entre otros pasatiempos como la construcción de ciudades miniaturas con pequeños ladrillos de colores, la pastelería con barro y la pintura exageradamente fauvista. Y, siendo una criatura pequeña e ingenua, pensar traía el miedo consigo.
Si algo esta presente en mi memoria infantil es el miedo. El miedo como pesadilla o como simple sombra diurna de la duda. Temía a la oscuridad de la misma manera que temía a las personas, y el daño que pudieran hacerme. Temí, mucho tiempo, a abrir la boca y decir lo que tanto pensaba. Tanto tiempo que terminé por acostumbrarme a ese silencio casi infinito. Mi familia pensó que se me pasaría cuando creciera, pero no lo hizo. De vez en cuando tiraba un par de palabras para que vieran que todo estaba bien conmigo. El resto del tiempo el silencio era una cuerda vocal más.
A veces hasta me gustaba.
El miedo me acechó mucho tiempo, especialmente por las noches. Mi mayor miedo de pequeñe fue la oscuridad. He encontrado gente que dice que uno no le teme a la oscuridad, sino a lo que hay en ella Pero la oscuridad no es hogar de nadie, la oscuridad es lo que habita en ella y viceversa. Es casi igual como las personas: no son lo que son, no solo son carne y huesos y piel, sino lo que habita en ellas: sus recuerdos, sus voces, las cicatrices cerradas o abiertas que no se muestran en el exterior.
Dejé de temerle a la oscuridad a los diez años, cuando mi madre me apagó la luz de mi velador y dijo que "dejara de comportarme como una nene". Me pregunté que si no era una nene, ¿que era entonces? ¿había estado fingiendo ser una nene todo ese tiempo? Me aterró la posibilidad de haber hecho algo de lo que no me había dado cuenta.
Aquella noche no hubo nada en la oscuridad que me hiciera daño. Y por lo tanto, no había nada que temer en lo absoluto. Asi fue como comenzó una vida de lucha en contra de mis temores.