Si mi vida fuera escrita en una novela, o hecha una película, es posible que muchos la envidien, incluyéndome. Porque como es algo propio, es menospreciable y sólo al verlo como un tercero es cuando te das cuenta de lo hermoso que realmente es.
Cuando entorno la vista y me vuelvo un tercero en vez de primero, lloro. Lloro porque veo lo hermosa que es la vida, la suerte que tengo de vivirla pero un libro o película en la que no hay un obstáculo, un enemigo, un misterio, un nudo, no es nada entretenida. Y así fue en un día de otoño, en el que finalmente llegó ese misterio que yo tanto estaba esperando, pero ya me estoy adelantando. Una historia se cuenta desde el comienzo y yo no tengo apuro.
Otoño. Mi estación favorita. Aunque yo nací en verano, hice cuentas y fui creada en otoño. Es la época del año donde la ciudad se tinta de bellísimos matices de colores cálidos solo para contradecir el frío que se siente. El otoño trae esos vientos fuertes que golpean contra la pared de tu casa dando la sensación de movimiento y despertándote para que lo escuches rugir como el temible, feroz y hermoso león que es. El otoño trae esas lloviznas que a mi me gustan de noche. No me gusta quedarme en casa las noches de llovizna, me gusta salir a caminar, a intentar encontrar la luna con la mirada en el cielo, a evadir los charcos de agua en el suelo con saltitos. Me encanta el aroma y la sensación que me da esa lluvia que logra darme una sensación de romanticismo y felicidad extraña, de pureza.
Esta no es una historia de amor, sin embargo es romántica.
Todo comenzó con un sentimiento que, como el destino aparenta quererme, se sació.
Todo comenzó con un sentimiento que, como el destino aparenta quererme, se sació.
El hambre. Pero no ese hambre que todos sienten: cuando tenía este hambre especial, comía comida y no me llenaba ni me quedaba satisfecha nunca. Claro, me llenaba el estómago pero no era eso el que tenía hambre. Me di cuenta que la mayor parte del tiempo mi hambre se saciaba dibujando, poniendo imágenes de mi cerebro en el papel; y mientras más dibujaba más me saciaba como cuando tenés hambre y antojo de helado y te comés un pote lleno.
Otras veces era hambre que se iba cuando leía y no dejaba de leer. Tenía hambre de letras y el libro más cercano me bastaba, hasta que lo terminaba y sentía hambre devuelta. Porque el hambre nunca se había ido, no realmente.
El hambre que menos a menudo me invadía, pero cuando venía me hacía agonizar en mi estado famélico (por que no era algo que se saciara fácilmente), era de cosas complicadas como personas o situaciones. Era un hambre melancólico, un hambre que pide felicidad, que pide recuerdos de fogatas en la playa bailando bajo las estrellas al sonar de las voces e instrumentos de amigos que acompañan. Hambre de pasión y de risas, hambre de experiencias no vividas, aventuras y misterios. Hambre de emoción y hambre de llorar de felicidad.
Otras veces era hambre que se iba cuando leía y no dejaba de leer. Tenía hambre de letras y el libro más cercano me bastaba, hasta que lo terminaba y sentía hambre devuelta. Porque el hambre nunca se había ido, no realmente.
El hambre que menos a menudo me invadía, pero cuando venía me hacía agonizar en mi estado famélico (por que no era algo que se saciara fácilmente), era de cosas complicadas como personas o situaciones. Era un hambre melancólico, un hambre que pide felicidad, que pide recuerdos de fogatas en la playa bailando bajo las estrellas al sonar de las voces e instrumentos de amigos que acompañan. Hambre de pasión y de risas, hambre de experiencias no vividas, aventuras y misterios. Hambre de emoción y hambre de llorar de felicidad.
Yo estaba famélica. Y cada día, cada día esperaba por algún suceso. Algo que me quite ese hambre.
Así, así fue como llegó ese día otoñal, un día como cualquiera de esos en los que vuelvo a casa del colegio, y como siempre hay algún que otro sobre de carta bajo la puerta. La mayor parte de las veces es simplemente correo del banco o facturas, y esas cosas tan aburridas a las cuales nunca les presto mucha atención. Llegaban tanto para papá como para mamá, entonces cuando yo las tenía en mi poder, las separaba para averiguar de quién era cada una.
Ese día de otoño, ese día de hambre de misterio y aventura, entre las facturas del Internet y el teléfono había una carta.
Ese día de otoño, ese día de hambre de misterio y aventura, entre las facturas del Internet y el teléfono había una carta.
Una de esas legendarias cartas que ya parecen un mito o una leyenda, que son escritas por un humano y viajan de un lugar a otro con un propósito completamente distinto al de las facturas. Mi emoción dió un salto debido a la corrupción de la rutina. Miro para quién estaba escrita la carta y no encuentro ni el nombre de mi papá, ni el de mi mamá; ni el de mi abuelo ni abuela, ni tío abuelo ni tío ni primo, ni siquiera el mío. Era para alguien con un nombre completamente desconocido para mí. Un tal Julio Ferrero.
Y bueno, viste lo que dicen de la curiosidad: “la curiosidad mató al gato”. Pero yo nunca estuve de acuerdo, yo siempre consideré que era algo mas como “la curiosidad no mata al gato, alimenta el cerebro”. Y así fue que la curiosidad por esa carta me llevó a comentárselo a mi mamá, quién había entrado al baño para después volver a salir de casa.
- MAMAAAAAAAAA- grité hacia el baño desde el comedor, observando concentradamente el sobre, con MI dirección exacta, ni un solo error, pero para “Signor Julio Ferrero”. - Llegó una carta para un tal Julio, es algún vecino o algo? – y guardo silencio esperando la respuesta, casi inmediata.
-Ah, sí. – dijo solamente. Lo dijo como lo mas común del mundo, como un ‘y a mí que?’ y en seguida sale del baño, sin una pizca de curiosidad. –No, no se quién es.
Como buscando una respuesta, dí vuelta el sobre para ver quién lo había enviado a nuestra dirección: Camnasio Flavio, Stabile Selini. 6954 Sala Capriasca, Switzerland. Eso fue definitivamente, lo que despertó la llama en mí, llama que pronto se convirtió en el impulso de mi curiosidad por saciar aquel hambre.
Quién era ese Julio? Por qué había llegado esa carta a mi casa cuando nadie, nunca antes, había vivido en ese terreno? Fueron mis abuelos quienes compraron aquel fragmento de turba para luego convertirlo en un pequeño terreno cercado con la casa de mi abuela y la de mis padres, justamente hace 16 años, cuando hacía hace pocos meses que había nacido. Y esa carta, había viajado cruzando el meridiano de Greenwich y el Ecuador, todo desde Suiza, para llegar hasta mi humilde casa.
En los extremos del sobre habían líneas rojas y azules, delante, un sello circular con dibujos de una ciudad montañosa que en el extremo superior decía 0780 AIROLO y una estampa de una flor blanca pequeña de tallo verde que a un costado decía “Allum Cepa”. Del otro lado, 5 sellos: todos diferentes, 4 circulares y uno rectangular. Decían cosas como 6905 LUGANO 5 AUTOMOBILI POSTALI , 6505 LODRINO , 6500 DELLINZONA 1 TEATRO SOCIALE , 8060 ZURICH 00. Unos tenían una cruz, otros estrellas, otros solo números y uno una especie de edificio.
En los extremos del sobre habían líneas rojas y azules, delante, un sello circular con dibujos de una ciudad montañosa que en el extremo superior decía 0780 AIROLO y una estampa de una flor blanca pequeña de tallo verde que a un costado decía “Allum Cepa”. Del otro lado, 5 sellos: todos diferentes, 4 circulares y uno rectangular. Decían cosas como 6905 LUGANO 5 AUTOMOBILI POSTALI , 6505 LODRINO , 6500 DELLINZONA 1 TEATRO SOCIALE , 8060 ZURICH 00. Unos tenían una cruz, otros estrellas, otros solo números y uno una especie de edificio.
- Puedo abrirlo? PUEDO PUEDO PUEDO PUEDO ABRIRLO POR FAVOOOOOORRR??? –le dije a mi mamá con el sobre en mano, siendo suficientemente ética como para no abrir sobres que no tienen mi nombre, pero lo suficiente rebelde como para hacerlo de todas formas si mi mamá me dejaba.
- Sí sí, pero esperá que nos tenemos que ir. – Ahí fue cuando me di cuenta que tenía a mi madre acorralada contra la puerta del baño, dejándola sin libre albedrío. Así me fui hasta el comedor devuelta y me senté en la silla, para volverme a parar para buscar una tijera. Quería todo el suspenso, quería abrirlo muy lentamente y sorprenderme. Pero mi madre no me comprendió y dijo:
-Tiene un papel blanco adentro.
Dejé la tijera sobre la mesa sin abrir el sobre, para mirarla, decía la verdad.
- Cómo sabés?- Le pregunté, y enojada, intentando probarla equivocada, con la tijera corté la parte superior del sobre para deslizar de adentro,
- Sí sí, pero esperá que nos tenemos que ir. – Ahí fue cuando me di cuenta que tenía a mi madre acorralada contra la puerta del baño, dejándola sin libre albedrío. Así me fui hasta el comedor devuelta y me senté en la silla, para volverme a parar para buscar una tijera. Quería todo el suspenso, quería abrirlo muy lentamente y sorprenderme. Pero mi madre no me comprendió y dijo:
-Tiene un papel blanco adentro.
Dejé la tijera sobre la mesa sin abrir el sobre, para mirarla, decía la verdad.
- Cómo sabés?- Le pregunté, y enojada, intentando probarla equivocada, con la tijera corté la parte superior del sobre para deslizar de adentro,
Una hoja de papel en blanco.
Un papel doblado, que desdoblado medía 20 x 15 cm. Rugoso y grueso como el papel para acuarela. No era blanco, si no que era un amarillo mate, pero no tenía nada escrito en él.
-Cómo sabías que había un papel blanco adentro? –Pregunté, sospechosa.
- Ya han llegado cartas como ésa antes.
- Ya han llegado cartas como ésa antes.
-En serio? –le pregunté, molesta. Habían llegado esas cartas antes, a mi propia casa, y yo no me había enterado? Cómo era eso?
- Sí, sí. –me respondió, sin entender que le veía de interesante a esa carta. Yo estaba al borde de las emociones y se me sumó la furia, por qué ella menospreciaba esa belleza? Un misterio que a Agatha Christie o Arthur Connan Doyle les hubiera encantado descubrir y resolver para escribir sobre él luego. Ahora podría jugar a ser detective: esa carta era un descubrimiento, y lamentablemente, sólo el descubridor de la tumba de Tutankamón entendería como me sentí yo al encontrarla.
-Cuántas llegaron antes? Cada cuánto? Dónde están? – La interrogué.
- No lo sé. – Me respondió, calzándose la campera y jugando con el llavero esperándome para volver a salir.
- Cada cuánto? – Insistí.
- Te dije que no se! – Y, enojada con su ignorancia, me abrigué y guardé la carta en mi mochila, decidiendo inspeccionarla mejor en la casa de mi amiga, a donde me dirigía al salir. En el viaje en auto no le hablé, solo intenté interrogarla sobre las cartas pero ella no parecía querer darme ninguna información, así que guarde silencio y esperé a encontrarme con mi amiga, quien supuestamente me ayudaría a hacer la tarea. Era la idea original, claro, pero esa carta, esa sola carta, cambió todo: con mi amiga la vimos a trasluz, con luz negra, la pusimos sobre fuego en caso de que hallan escrito con limón, pero nada. Sólo era eso: un papel en blanco. Y basada en lo que me había dicho mamá, las cartas anteriores tenían el exacto mismo papel. Qué clase de mensaje era?
Buscamos en la guía telefónica, y ningún Julio Ferrero había. Buscaron los nombres en Internet, pero nada con mucho sentido apareció. La flor de la estampilla, era una flor de cebolla, aparentemente.
- No lo sé. – Me respondió, calzándose la campera y jugando con el llavero esperándome para volver a salir.
- Cada cuánto? – Insistí.
- Te dije que no se! – Y, enojada con su ignorancia, me abrigué y guardé la carta en mi mochila, decidiendo inspeccionarla mejor en la casa de mi amiga, a donde me dirigía al salir. En el viaje en auto no le hablé, solo intenté interrogarla sobre las cartas pero ella no parecía querer darme ninguna información, así que guarde silencio y esperé a encontrarme con mi amiga, quien supuestamente me ayudaría a hacer la tarea. Era la idea original, claro, pero esa carta, esa sola carta, cambió todo: con mi amiga la vimos a trasluz, con luz negra, la pusimos sobre fuego en caso de que hallan escrito con limón, pero nada. Sólo era eso: un papel en blanco. Y basada en lo que me había dicho mamá, las cartas anteriores tenían el exacto mismo papel. Qué clase de mensaje era?
Buscamos en la guía telefónica, y ningún Julio Ferrero había. Buscaron los nombres en Internet, pero nada con mucho sentido apareció. La flor de la estampilla, era una flor de cebolla, aparentemente.
Cuando volví a casa, estaba por llegar a la puerta y un pequeño pajarito salió del pasto volando lejos. Era un pájaro bello, veloz, porque no sabría ni decir el color ni la especie. Voló lejos, libre. Me hizo sonreír, tan natural, tan especial. Libre.
Tenía que pensar en qué hacer. Qué debería hacer con ese papel en blanco, que ha llegado antes a mi casa y por culpa de mi madre ha pasado tan desapercibido. Ahora tenía toda mi atención, y recibiría su respuesta. Sí, necesitaba una respuesta. Quien sea que fuera quién se tomó el trabajo de enviar cartas desde Suiza hasta Ushuaia, merecía una respuesta. Pero, qué?
Ese era el tema de los bloqueos. No podía pensar, qué le respondería? Hablaría italiano, suizo, alemán, qué? Por eso decidí hacer lo mejor que se puede hacer cuando tenés un bloqueo: Mirar por la ventana.
Tenía que pensar en qué hacer. Qué debería hacer con ese papel en blanco, que ha llegado antes a mi casa y por culpa de mi madre ha pasado tan desapercibido. Ahora tenía toda mi atención, y recibiría su respuesta. Sí, necesitaba una respuesta. Quien sea que fuera quién se tomó el trabajo de enviar cartas desde Suiza hasta Ushuaia, merecía una respuesta. Pero, qué?
Ese era el tema de los bloqueos. No podía pensar, qué le respondería? Hablaría italiano, suizo, alemán, qué? Por eso decidí hacer lo mejor que se puede hacer cuando tenés un bloqueo: Mirar por la ventana.
No se si todos sepan entender la magia de las ventanas como yo lo hago. Las ventanas son puertas, dicen varios escritores, filósofos, y lo que quieras escuchar. Pero para mí las ventanas, son ventanas, y están ocupadas con mil y un propósitos. Bendito sea su creador.
Las ventanas te dejan observar el exterior e interior, satisfacen curiosidad y dan lugar a la seguridad. Te dicen si alguien pasa cerca de tu casa, te cuentan como está el clima, te dejan ver las estaciones ir, y venir. Las ventanas te muestran el ciclo de la vida. Las ventanas vistas desde diferentes partes del mundo son aún mejor. aunque mirar siempre la misma ventana te da una sensación de seguridad terrenal importante, la vista que ellas te dan es tu hogar. Las ventanas son mágicas no solo por eso. Las ventanas te ayudan. A veces uno solo tiene que mirar por la ventana, porque mirar a través de ellas aclara pensamientos y hace que las cosas malignas en la mente se vallan. Las ventanas desatan los nudos del cerebro y dejan pensar con claridad.
Cuando me encuentro con un problema, y ya he pensado demasiado y no lo puedo resolver, un tiempo de mirar a la ventana hace que, cuando vuelva al problema, todo sea más simple y claro y yo no tarde en resolverlo.
Pero, al fin y al cabo, las ventanas son agujeros en la pared, con un marco y un vidrio que deja ver. Son solo eso. Pero lo que significan? Mucho, muchísimo más.
Así, se me ocurrió finalmente que responderle y no pude evitar sonreír al considerarlo. Qué le respondería? Nada. Le enviaría un sobre, un sobre que viaje por todo el mundo, que adentro tenga un papel doblado, que desdoblado midiera 20 x 15 cm. Rugoso y grueso como el papel para acuarela. No blanco, si no de un amarillo mate.
Estaba afuera del colegio, habíamos salido temprano porque no había agua. Todos los jóvenes amontonados, fumadores y no fumadores, amigos, conocidos, desconocidos; apretados para sobrevivir el frescor. Y yo estaba ahí también, intentando no asfixiarme con los demás, viendo mi propia respiración hecha un vaporcito blanco en el aire. Me divirtió. Estaba pensando qué hacer, debería llamarla a mi mamá para que me venga a buscar? Antes de que lo hiciera, una amiga mía me invitó a pasar el rato en su casa con unos amigos de ella. Feliz de ser considerada, acepté, y llamé para avisarle a mi madre.
Estuvimos sentados, tirados, cansados en los sillones, charlando o al menos intentando. Ese momento, ese momento de pachorra, de no tener ganas ni de hablar, y de que halla un pequeño grupo de gente que este en la misma que vos, me dejaba feliz. Me sentía parte de un grupo de amigos y no tan solitaria como siempre. Ese, pensé, podría ser aquel grupo de amigos con el cual podría tener uno de esos campamentos en la playa, ese grupo de amigos, podría ser aquel que saciara mi hambre de personas y situaciones. Porque cuando me juntaba con ellos, no tenía hambre (solo tenía el hambre de comer, en realidad). Pero las cosas nunca son infinitas. Y mi madre me vino a buscar a la tarde. Pero no fue del todo malo eso. Por que finalmente, ella me dio una de las cartas anteriores y me dijo que llegaban relativamente una vez al año. Me dijo que esa estaba escrita para una mujer, a diferencia de la que tenía yo guardada.
Al llegar a casa la observé bien. Cuatro estampillas en el frente. Dos eran exactamente iguales: una chica joven con dos cabras una a cada lado suyo, un pino se erguía alto a su espalda y detrás, una montaña blanca. Otra estampilla mostraba un avión antiguo volando, la cara de un señor, y un horizonte con bajas montañas. La cuarta estampilla era simplemente una especie de trigo. La carta tenía exactamente la misma dirección, eso no cambió. Pero esta vez, decía Signora Sandra Zocchi . Al dar vuelta la carta, me encontré sin ningún sello, ni estampilla, solamente Ghirlanda Angelo, Via Crocetta 17 6962 Viganello Switzerland. Por las estampillas, deduje que la carta era de alrededor del 2010. Pero, a pesar de que mi dirección no cambió, y el país de donde proviene tampoco, eran nombres completamente diferentes. Será una especie de código? Donde juntas las letras y las mezclas o clasificás y así resolvés el código? Pero para eso necesitaría todas las cartas, y con mi mamá siendo mi mamá, esa carta era todo lo que iba a conseguir.
Estuvimos sentados, tirados, cansados en los sillones, charlando o al menos intentando. Ese momento, ese momento de pachorra, de no tener ganas ni de hablar, y de que halla un pequeño grupo de gente que este en la misma que vos, me dejaba feliz. Me sentía parte de un grupo de amigos y no tan solitaria como siempre. Ese, pensé, podría ser aquel grupo de amigos con el cual podría tener uno de esos campamentos en la playa, ese grupo de amigos, podría ser aquel que saciara mi hambre de personas y situaciones. Porque cuando me juntaba con ellos, no tenía hambre (solo tenía el hambre de comer, en realidad). Pero las cosas nunca son infinitas. Y mi madre me vino a buscar a la tarde. Pero no fue del todo malo eso. Por que finalmente, ella me dio una de las cartas anteriores y me dijo que llegaban relativamente una vez al año. Me dijo que esa estaba escrita para una mujer, a diferencia de la que tenía yo guardada.
Al llegar a casa la observé bien. Cuatro estampillas en el frente. Dos eran exactamente iguales: una chica joven con dos cabras una a cada lado suyo, un pino se erguía alto a su espalda y detrás, una montaña blanca. Otra estampilla mostraba un avión antiguo volando, la cara de un señor, y un horizonte con bajas montañas. La cuarta estampilla era simplemente una especie de trigo. La carta tenía exactamente la misma dirección, eso no cambió. Pero esta vez, decía Signora Sandra Zocchi . Al dar vuelta la carta, me encontré sin ningún sello, ni estampilla, solamente Ghirlanda Angelo, Via Crocetta 17 6962 Viganello Switzerland. Por las estampillas, deduje que la carta era de alrededor del 2010. Pero, a pesar de que mi dirección no cambió, y el país de donde proviene tampoco, eran nombres completamente diferentes. Será una especie de código? Donde juntas las letras y las mezclas o clasificás y así resolvés el código? Pero para eso necesitaría todas las cartas, y con mi mamá siendo mi mamá, esa carta era todo lo que iba a conseguir.
En una salida que hice con ese grupo de amigos, con el cual aún me sentía un tanto tímida, e incluso extra, les conté la aventura. Les mostré las cartas y les dije todo lo que sabía, y les conté mi divertido plan de mandar devuelta otra carta en blanco. Eso los maravilló, y todos juntos, pusimos en un sobre el mismo papel en blanco que recibí, pusimos mi dirección, pero en anónimo, y el nombre y dirección de la última carta. Fuimos al correo y enviamos aquel papel ensobrado, tooooddoooo a través del mundo para llegar hasta suiza. Solo quedaría esperar.
Pero yo no esperé impaciente como un niño esperando a que le den un chupetín. Yo me olvidé completamente, porque ahora no tenía hambre, ahora tenía mini aventuras tales como encontrar un celular y hacer todo lo posible para encontrar al dueño basado en las fotos que tenía, o salvar de la muerte un pájaro, o irme de campamento y hacer pequeños cofres del tiempo con cartas y manuscritos, y enterrarlos para luego volver. Me hice una amiga que vive a unas provincias de donde estoy y con ella nos carteamos seguido, como respeto al romanticismo del papel y la tinta, respetando esa sorpresa que te alegra el día de recibir una carta para vos.
Dibujé, escribí, y cuando llegó el verano, en mi cumpleaños, hice un campamento en la playa con mis mejores amigos. Entonces bailamos, nos metimos en el agua, exploramos los bosques, hicimos una búsqueda del tesoro y encendimos una fogata para cantar y dormir bajo las estrellas, felices. Y sin hambre.
FIN
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