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March 05, 2015

Mond (III)

En mi niñez fui un ser cohibido, temeroso y ligeramente antisocial. Mi familia siempre fue pequeña y por mucho tiempo fui la única niñe (y con niñe me refiero a criatura infantil) en ella.
Yo me acercaba a las mesas de familiares con timidez, me sentaba en las sillas, con las piernas en el aire y observaba a mi alrededor en silencio sin intervenir en lo absoluto y sin comprender para nada lo que hablaban los adultos. Atisbaba sus expresiones, casi estudiándolos, quizás hasta aprendiendo como me comportaría cuando creciera. Siendo una persona muy callada, dedicaba completamente mi tiempo a pensar, entre otros pasatiempos como la construcción de ciudades miniaturas con pequeños ladrillos de colores, la pastelería con barro y la pintura exageradamente fauvista. Y, siendo una criatura pequeña e ingenua, pensar traía el miedo consigo.
Si algo esta presente en mi memoria infantil es el miedo. El miedo como pesadilla o como simple sombra diurna de la duda. Temía a la oscuridad de la misma manera que temía a las personas, y el daño que pudieran hacerme. Temí, mucho tiempo, a abrir la boca y decir lo que tanto pensaba. Tanto tiempo que terminé por acostumbrarme a ese silencio casi infinito. Mi familia pensó que se me pasaría cuando creciera, pero no lo hizo. De vez en cuando tiraba un par de palabras para que vieran que todo estaba bien conmigo. El resto del tiempo el silencio era una cuerda vocal más.
A veces hasta me gustaba.
El miedo me acechó mucho tiempo, especialmente por las noches. Mi mayor miedo de pequeñe fue la oscuridad. He encontrado gente que dice que uno no le teme a la oscuridad, sino a lo que hay en ella Pero la oscuridad no es hogar de nadie, la oscuridad es lo que habita en ella y viceversa. Es casi igual como las personas: no son lo que son, no solo son carne y huesos y piel, sino lo que habita en ellas: sus recuerdos, sus voces, las cicatrices cerradas o abiertas que no se muestran en el exterior.
Dejé de temerle a la oscuridad a los diez años, cuando mi madre me apagó la luz de mi velador y dijo que "dejara de comportarme como una nene". Me pregunté que si no era una nene, ¿que era entonces? ¿había estado fingiendo ser una nene todo ese tiempo? Me aterró la posibilidad de haber hecho algo de lo que no me había dado cuenta.
Aquella noche no hubo nada en la oscuridad que me hiciera daño. Y por lo tanto, no había nada que temer en lo absoluto. Asi fue como comenzó una vida de lucha en contra de mis temores.


1 comment:

  1. NO SÉ POR QUÉ PENSABA QUE MOND ERA HOMBRE??????????

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